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Caparo, el último bosque

02/11/2012
Reserva Forestal de Caparo, ubicada en Barinas, sudoeste de Venezuela, prácticamente ha desaparecido. Más de 140.000 hectáreas fueron devastadas y la amenaza de cuclillas prevalece en la ausencia de autoridades
OSCAR MEDINA |   EL UNIVERSAL
Sábado 27 de octubre 2012   12:00a.m.
Justo a la derecha después de caminar en el camino identificado como Pica 8, allá arriba, en la cima de una enorme palmera, un mono araña mira a los visitantes calmingly pero con curiosidad. Cientos de estudiantes e investigadores han estado aquí antes que nosotros. Y el mono sabe o conocimientos que deberían no hay nada que temer. Nos encontramos en un lugar lleno de naturaleza, con una exuberante vegetación siempre verde. 
Nos encontramos en uno de los lugares más atractivos de los últimos vestigios de un complejo de biodiversidad que casi se ha desvanecido. Este es el 7.000 hectáreas, la Reserva Forestal de Caparo, protegida por la Universidad de Los Andes (ULA).Más adelante, la garra de un felino, recientemente impreso en el barro se destaca como un indicador de la vivienda riqueza animal en el follaje. La anticipación de un encuentro con este animal añade otra dimensión a nuestra ubicación, pero eso no es una mala noticia. Las malas noticias es lo que le ha pasado a miles de árboles Chupón (Pouteria anibaefolia). 
Chupón madera es tan dura que estos árboles no se pueden transformar en tablas. Puesto que es imposible explotar estos árboles, miles de ellos han sido talados y quemados por los depredadores del medio ambiente como una forma de sacarlos de la carretera. La Reserva Forestal Caparo existe en los mapas solamente. 
Fue creado en febrero de 1961, en ​​una parcela de 174.340 hectáreas de tierras en el estado Barinas. Limita río Caparo, al norte, y el río Uribante hacia el sur. Un plan elaborado por el Ministerio de Agricultura de la intención de preservar una parte de los tres millones de hectáreas de bosques que existieron una vez en los llanos occidentales (en los estados de Portuguesa, Apure, Barinas y Táchira sur del estado). El plan estableció las reservas forestales de Turén, Ticoporo, San Camilo y Caparo, que ascendió a 900.000 hectáreas en total. Asimismo, se buscó la explotación racional de las riquezas de madera en la zona. Sin embargo, en el corto plazo la presión demográfica y la ganadería prevaleció sobre la buena intención. Una investigación llevada a cabo por Enrique Pacheco, de la Facultad de Ciencias Forestales y Medio Ambiente, Universidad de Los Andes, compilado imágenes de satélite y mapas que retratan la devastación forestal. 
El bosque estaba vivo hasta 1980, pero cuando la explotación de la madera se le permitió, se produjo el llamado “comunidades agrícolas”. Entre 1982 y 1989, el Estado venezolano firmó contratos de explotación con empresas privadas y públicas, con el fin de explotar la madera de caoba, cedro, mijao, pardillo, saquisaque y otras especies comerciales. A pesar de monitoreo, las cosas no iban del todo bien. En 1982, un comodato fue creado con la ULA como depositario. 
ULA se está ejecutando un programa educativo y de investigación en el área desde 1970. Bajo el comodato, la universidad se le confió la protección de 7.000 hectáreas de bosque y la construcción de una estación experimental en la zona conocida como Cachicamo. sombrías perspectivas AULA representantes creen que para 2000 sólo 47,99% del bosque Caparo quedaba. 
En 2001, el Ministro de Medio Ambiente Ana Elisa Osorio oficialmente terminado concesiones y decidió que el área se manejan bajo un nuevo mecanismo, el “manejo forestal comunal”. 
“El Ministerio (de Medio Ambiente) entregó estas tierras a las Unidades Territoriales de Base, es por ejemplo, a muchos de los que ahora son ocupantes ilegales en la reserva “, explicó Wilfredo Franco, profesor ULA y coordinador del comodato Caparo. “La gestión comunitaria traduce en deforestación y la quema de árboles, y convirtió la zona a la ganadería”.
 Las encuestas realizadas por la ULA estima que entre 2002 y 2004 unas 70.000 hectáreas de bosques desaparecieron:. Un tesoro de la biodiversidad y la madera preciosa un sombrío panorama que está por venir: “El 90% de los casi 175.000 hectáreas de la reserva son ahora pastizales y matorrales,” Franco explicó. “14.000 hectáreas sobrevivido, la mitad de ellos pertenecen a la zona protegida por la ULA y el resto es un montón de pequeños segmentos aislados de bosque, la mayoría de ellos condenados a desaparecer.”Entre 2001 y 2004, los ocupantes ilegales se hizo cargo de unas 900 hectáreas ubicadas en el extremo occidental de la zona en comodato. 
Ellos fueron expulsados ​​una y otra vez hasta 2004, cuando nadie podía desalojarlos. Fuera de la ley, se dividió el terreno en 34 parcelas. Y este lugar, llamado Palma Pintada, es quizás uno de los mejores ejemplos para poner las cosas en perspectiva: de pie justo donde comienza la toma de posesión de la tierra, uno puede ver las praderas a la derecha, con el pastoreo de vacas flacas y algunos árboles. A la izquierda, separados por un camino de tierra, se puede ver la pared verde del bosque intacto. “Esos 900 hectáreas de bosques fueron talados y quemados entre 2005 y 2009”, lamenta el profesor Wilfredo Franco. “Las plantaciones experimentales de árboles fueron arrasados ​​completamente Pardillo y alrededor del 50% de las plantaciones de árboles de teca plantados por la ULA en la década de 1970 fueron saqueados.” Ahora, los aparceros han organizado un consejo comunal, pero de acuerdo a los trabajadores del campo de la ULA, las tierras-las “mejoras” – se han vendido más de una vez. “Sólo hay tres o cuatro familias que quedaron en el primer grupo.” El catastro realizado en 2007 registró cerca de 1.200 ranchos dentro de la reserva forestal. 
Ahora, los representantes de la ULA estiman que el número ha aumentado a 1.500. Sería ingenuo pensar que esto podría convertirse en un bosque nuevo. ¿Qué es una reserva forestal en los mapas es en la vida real, un acuerdo entre ellos 55 escuelas y cinco secundarias bien establecidos, así como un lugar donde se ha ULA pidió ayuda para construir una institución de educación superior.biodiversidad “Sacrificar y natural riqueza no valió la pena al final. No pudo hacer justicia y lograr el desarrollo social o económico “, dijo Franco. “Los residentes de Caparo son pobres, a excepción de unos pocos que poseen hasta tres ranchos que han comprado a los ocupantes ilegales”. Traducido por Adrián Valera Villani

Caparo, el último bosque – Nacional y Política – EL UNIVERSAL.

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